Pisac, ciudad arqueológica y mística.


Písac (también Pisaq) está ubicado a 33 kilómetros de la ciudad del Cusco, en el Perú. Su sitio arqueológico es uno de los más importantes del Valle Sagrado de los Incas.

Al oriente de la ciudad del Cusco.Existe una extraña coincidencia entre las distancias que unen las ciudades de Pisaq, Cusco y Pikillacta. La distancia entre Cusco y Pisaq es de 30 km,resulta la misma distancia si se mide de P´isaq a Pikillacta y de Cusco a Pikillacta son igualmente 30 km.Al unir con línea recta estas tres ciudades,se logra un triángulo equilátero perfecto,que crea múltiples especulaciones en torno al increíble genio arquitectónico que tuvieron los incas.

Se encuentra al este de la cordillera Vilcabamba. Como era costumbre en la arquitectura inca, las ciudades fueron construidas sobre la base de trazos figurativos de animales. Písac, tenía la forma de una perdiz, como dice su nombre.

Esta población tiene una parte incaica y otra colonial. Su plaza principal es un lugar entretenido lleno de colorido y con diversos artículos artesanales a la venta. Este pueblo es conocido por su observatorio astronómico.

La arquitectura de Písac también es mestiza construida sobre restos indígenas por el virrey Francisco de Toledo. Aquí se puede asistir a una misa en quechua en medio de indígenas y varayocs o alcaldes regionales. Igualmente, se puede comprobar cómo los agrónomos incas resolvieron el problema de sembrar en las pendientes de los cerros.

Actualmente atrae a muchos turistas por las ruinas incaicas, que forman parte junto con Ollantaytambo y Machu Pichu del circuito arqueológico del Cusco, que lo hacen la mayor fuente de ingreso del pueblo, aparte de la agricultura de subsistencia.

Písac no escapa a las famosas leyendas incas. La ciudad presenta una estatua que tiene una muy particular: se dice que el cacique Huayllapuma tenía una hija, llamada Inquill, a la que tenía que casar con el hombre que pudiese construir, en sólo una noche, el puente sobre el río Vilacmayo (un puente de mucha importancia para la defensa del lugar).

Pese a la dura tarea, Asto Rímac -un apuesto príncipe- decidió aceptar el reto, y pedir la mano de la princesa. Las autoridades del lugar dispusieron todo para que Asto Rímac iniciara las labores, mientras la princesa debía subir un cerro sin voltear; porque, de lo contrario, ella y su prometido se convertirían en piedra. Casi al amanecer, el príncipe había culminado con la obra, pero Inquill, no pudiendo soportar más, volteó y quedó convertida en piedra hasta el día de hoy.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente, mis felicitaciones por divulgar la parte mas interesante de las ruinas historicas.

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